
La Inteligencia Artificial (IA) es la rama de las Ciencias de la
Computación que estudia el software y hardware necesarios para simular el
comportamiento y comprensión humanos. El objetivo último de la IA es
simular la inteligencia humana en una máquina creando robots que sean
conscientes y con sentimientos reales, similares a los humanos. Uno de los
problemas más difíciles es la simulación de la conciencia, cualidad humana
que hace que nos demos cuenta de nuestra propia existencia.
“El estudio de como hacer computadoras
que hagan cosas que, de momento, la
gente hace mejor” (Rich y Knight, 1991).
“El esfuerzo por hacer a las computadoras
pensar ... máquinas con mentes en
el sentido amplio y literal” (Haugeland,
1985).
“Un campo de estudio que busca explicar
y emular el comportamiento inteligente
en términos de procesos computacionales”
(Schalkoff, 1990).
“El estudio de las facultades mentales
a través del estudio de modelos
computacionales” (Charniak y McDermott,
1985).
En la película de Kubrick del año 1968 “2001. Una Odisea en el Espacio”
aparece un ordenador muy inteligente llamado HAL, viajando a bordo de la
nave Discovery, con destino hacia una estación espacial; cuando HAL adivina
las intenciones de la tripulación de desconectarlo, siendo consciente de lo
que eso supone, surge dentro de él un impulso a seguir existiendo que le
lleva a tomar la iniciativa e ir matando a los astronautas uno a uno. Esta
película y otras por el estilo, junto a novelas de ciencia ficción,
promocionaron durante años el interés por la IA. Con el avance del hardware
y software en la década de los ochenta la investigación en IA pretendían
simular capacidades humanas como la visión o el razonamiento. Los países
desarrollados dedicaron gran cantidad de medios materiales y humanos a la
IA; en aquellos momentos la euforia era generalizada y se pensaba que no se
tardaría mucho en construir un ordenador como HAL; obviamente, no en su
faceta psicópata de la ficción sino como consecuencia de aceptar el reto de
construir un ser inteligente y consciente. En amplios círculos científicos se
daba por hecho que todo fenómeno era posible expresarlo
computacionalmente, corriente de investigación que se llamará más tarde IA
fuerte; esta defendía que los ordenadores superarían a los humanos en
todos los órdenes, y que la conciencia tenía carácter computacional. Es en
este contexto cuando en 1989, el profesor de matemáticas de la
Universidad de Oxford Roger Penrose, publica su libro “La nueva mente
del emperador” que denuncia al estilo del famoso cuento del niño que anuncia
que “el emperador está desnudo” toda esta contemporización alrededor de
la IA fuerte. Ante el aluvión de críticas que recibió el libro, unos años más
tarde Penrose publicó un segundo libro “Las sombras de la mente” para
desarrollar en más detalle algunos de los puntos que levantaron más
polémica. Es así como en la década de los noventa la IA dio marcha atrás,
pues los científicos se dieron cuenta que los objetivos iniciales habían sido
excesivamente ambiciosos, y los resultados prácticos no avalaban los
teóricos, que en muchos casos se habían convertido en puras especulaciones.
Se concentraron entonces en el desarrollo de hardware y software que
abordasen tareas y problemas más modestos y puntuales. Hoy los
ordenadores son muy eficaces resolviendo ciertos problemas como la toma
de decisiones en asuntos comerciales, venciendo a los humanos en juegos
como el del ajedrez, y en general ayudando al experto humano con sistemas
expertos en una amplia variedad de disciplinas. Sin embargo, los científicos
no han conseguido, después de unos treinta años de IA, simular en el
ordenador comportamientos que resultan relativamente sencillos para los
humanos, como por ejemplo las intuiciones. La simulación de la conciencia
permanece hoy en día todavía muy en los principios, el año 2001 pasó y HAL
permanecerá como ente de ficción durante muchos años todavía. La
pregunta natural que surge ahora es: ¿será posible alguna vez crear un
ordenador como HAL, que tenga conciencia? El debate en la actualidad se
sitúa tanto en el plano filosófico como en el científico o tecnológico.
Repasemos las posturas de la IA ante la posibilidad de simular la
conciencia por un ordenador, todavía hoy se encuentran defensores de cada
una de ellas.
- Fuerte IA: Como antes se ha dicho, los partidarios de esta postura piensan que toda actividad mental es de tipo computacional, incluidos los sentimientos y la conciencia, y por tanto se pueden obtener por simple computación.
- Débil IA: Cree que la conciencia es una característica propia del cerebro. Y mientras toda propiedad física se puede simular computacionalmente, no se puede llegar por este procedimiento al fenómeno de la conciencia en su sentido más genuino. Los que pertenecen a este grupo dicen que la simulación por ordenador de un huracán no es en sí mismo un huracán. O que la simulación de la digestión por el estómago no digiere nada. Se trata de un proceso no causal.
- Nueva Física: Esta postura defiende que es necesaria una nueva Física para explicar la mente humana y que quizás en el futuro se pueda simular, pero ciertamente no por métodos computacionales; para ello es necesario que en el futuro se descubran nuevos métodos científicos que todavía se desconocen.
- Mística: Esta postura defiende que la conciencia no se puede explicar ni física, ni computacionalmente, ni por otro medio científico. Es algo totalmente fuera de la esfera científica, pertenece al mundo espiritual y no puede ser estudiada utilizando la razón científica, escapa al método de conocimiento racional heredado de la cultura griega.
Los que se sitúan en las dos primeras posturas están convencidos de que
la conciencia es un proceso físico que emerge del cerebro, explicable con la
ciencia actual, lo que sucede es que todavía no se ha llegado a desentrañar
el misterio. Veremos en los apartados siguientes la diferencia entre las
posturas de la IA fuerte y la IA débil.
La postura tres es defendida especialmente por Penrose que declara que
el cerebro posee propiedades que no son computacionales. Penrose se basa
en el teorema de Gödel y la tesis de Church-Turing para afirmar que
siempre habrá hechos verdaderos no alcanzables por un sistema
computacional.
La postura cuatro puede parecer la más cercana a la postura teísta, por
su consistencia con la mente universal en el budismo o por su coherencia con
el dualismo (materia y espíritu) del cristianismo; sin embargo, los que
piensen que solo la postura cuatro es compatible con la postura teísta se
equivocan, cualquiera de las cuatro posturas sería compatible con la religión.
La ciencia podrá o no responder a la pregunta de cómo funciona la mente,
pero nunca responderá a la pregunta de por qué la mente existe o cuál es su
fin último. Son ámbitos distintos de trabajo aunque puedan existir algunas
interrelaciones.





