Al tratar de contestar esta pregunta se da otro salto cualitativo, del
ámbito lógico matemático al ámbito científico filosófico. El primero es mas
restringido y por tanto las reglas de “juego” están bien definidas, como
contrapartida tampoco se puede decir mucho sobre problemas de alcance
más amplio que resultan más interesantes. Turing también dio ese salto y
propuso una prueba para determinar cuando se puede considerar inteligente
una máquina. Así establece que una máquina se puede considerar inteligente
si al comunicarse con un humano (que no ve físicamente a la máquina) este no
sabría decir si está hablando con una máquina o con otro humano como él.
Este test aunque no lo ha pasado ninguna máquina todavía, sí que parece
alcanzable en un futuro no lejano. Ello animó a los seguidores de la IA
fuerte a aventurar el advenimiento de máquinas inteligentes que alcanzarían
las mismas características de la inteligencia humana; sin embargo, Searle
presentó (Searle, 1980) el siguiente argumento en contra: Supongamos una
persona que sepa solo inglés y se le encierra solo en una habitación, la
puerta dispone de una pequeña rendija que le sirve de comunicación con el
exterior. La comunicación se establece exclusivamente mediante hojas de
papel escritas en chino que se pasan por la rendija. La tarea de esta persona
consiste en seguir unas instrucciones escritas en inglés, que se encuentran
en la habitación, de cómo manipular caracteres chinos. Cuando se le pasan
desde el exterior preguntas en chino, esta persona utilizando las
instrucciones en inglés contestaría también en chino, sin saber el significado
real de lo que le preguntan y de lo que él contesta; sin embargo para
observadores que se encuentran en el exterior daría la sensación de que
sabe chino.
| John Searle |
El argumento de la Habitación China no va en contra de la IA débil, no
pretende demostrar que los ordenadores no puedan pensar. De hecho,
Searle piensa que el cerebro es una máquina que piensa. En realidad, va
dirigido contra la IA fuerte que mantiene que la computación formal con
símbolos puede producir pensamiento.
Con todo es conveniente distinguir entre epistemología y ontología, es
decir, entre “¿Cómo conozco?” y “¿Qué es lo que conozco cuando conozco? El
test de Turing cae en este error de mezclar epistemología y ontología y de
ahí viene la confusión que se ha dado incluso en las discusiones entre
expertos. El ámbito epistemológico se relaciona mejor con la ciencia que el
ontológico. El ontológico sobrepasa al científico, porque la ciencia carece de
las herramientas para contestar a muchos de los problemas que plantea la
filosofía, que sin embargo resultan más radicales para el ser humano.
Es importante separar y definir específicamente qué se entiende por
conciencia. Si no, se podría argumentar que un simple termostato es
consciente de que hace frío en la habitación en que está instalado, porque se
dispara y pone en funcionamiento la calefacción cuando en la habitación se
alcanzada una cierta temperatura. Sólo nos vamos a referir a niveles de
consciencia superior, cualidad propia de los seres humanos; es decir,
definimos conciencia como la capacidad para debatir, reflexionar y darse
cuenta de la propia existencia. Penrose considera que existen intuiciones de
la mente que no se pueden expresar algorítmicamente, y apoyado en el
teorema de Gödel dice que la mente no se puede simular con la ciencia que
ahora conocemos, indica que tiene que surgir un nuevo paradigma científico
para que se pueda abordar este problema.
Todo esto entronca con el ámbito filosófico del mundo de las ideas de
Platón. Nos movemos así entre las matemáticas y la filosofía, lo que Einstein
consideraba los problemas genuinamente interesantes. Gödel era un
platonista entre positivistas en el círculo de Viena, él estaba callado
mientras los otros hablaban de la obra de Witteinstein. Gödel en lugar de
hablar ofrece una demostración que lleva directamente al mundo de las
ideas de Platón, y que también dice algo en contra de “el hombre es la
medida de todas las cosas” de los positivistas del círculo de Viena.
Se podrán hacer muchas cosas en inteligencia artificial. Pero cuando en
los siglos XVII y XVIII se intentaba construir una máquina que volara se
miraba a las aves y como simular su capacidad de volar, se intentaba
ponerles alas y una cola que se movieran de forma similar a las de las aves. A
principios del siglo XX surge el avión que volaba pero que se parecía a las
aves solo en las alas y la cola. Aunque los aviones no son como la aves sí son
mas útiles a los humanos que las aves en el sentido puro de utilidad, pues los
aviones nos permiten viajar rápidamente de un punto a otro, transportando
toneladas de material, cosa que no se lograría ni con las aves mitológicas; sin
embargo las aves aventajan a los aviones en que son capaces de
reproducirse por si mismas; es obvio que el sistema de reproducción de las
aves aventaja al de los aviones, al menos en economía, los aviones son
incapaces de poner huevos por ahora. Sirva esta analogía para indicar lo que
cabe esperar de sistemas desarrollados intentando simular la inteligencia y
la conciencia; probablemente se consigan en un futuro androides, seres
artificiales, muy inteligentes, incluso más que los humanos en la realización
de ciertas tareas, pero obviamente siempre serán distintos de los humanos.
Por el simple hecho de haber sido creados por el hombre, a los androides no
se les podrán atribuir cualidades humanas.
En general, los seres vivos no son como las máquinas hechas por los
humanos, como les gusta decir a algunos mecanicistas. Un androide o un
robot es como un coche, se fabrican las piezas independientemente: las
ruedas, el volante, los cilindros del motor, etc. que luego se ensamblan
entorno a una unidad central que puede ser el ordenador de abordo. El
ensamblaje se realiza de fuera a dentro. En los seres vivos el proceso se da
al revés de unas pocas células se desarrolla todo el ser vivo. El ensamblaje
se realiza de dentro a fuera. Así Borden argumenta que el metabolismo
bioquímico es necesario para la vida. Según esta autora puede ser posible
producir vida artificial pero probablemente tendrá que ser a través de
procesos bioquímicos y no metálicos electrónicos. Un programa informático,
esté o no insertado en un robot, no tiene intencionalidad, no tiene conciencia
y, por tanto, no puede tener una semántica intrínseca.
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